martes, 19 de junio de 2007

Las leyes de atracción. Bret Easton Ellis



Llego a este librito - Anagrama, ¡qué raro! - mediante la película. Algo que en mí es bastante extraño, debido a que mi cultura cinéfila es estrambótica y corta.
En esta novelita crítica con los Estados Unidos, que se desarrolla en una universidad de niños pijos - que sean hippies es un más a más de la pijería, siendo ésta última condición necesaria pero no suficiente para lo primero - Easton Ellis nos enrrolla en una espiral de nihilismo de folleteo, drogas y charlas embebidas en una cultura académica incapaz de nutrir proyecto común alguno. Por lo tanto otra especie de elitismo que sabe retratar muy bien.
El texto está escrito en primera persona, pero adentrándose en los muchos personajes que configuran la trama. Cada parágrafo viene precedido por el nombre del personaje en cuestión, por lo que no peca el autor de querer aparentar lo que no se es: experimentos joyceanos obcecados en su inmodestia. Algo a destacar en su buen hacer y que facilita la lectura.
La historia es lo menos, aunque a destacar momentos delirantes en cuanto ridículos.
Se trata de un libro recomendable, por su calidad, su cantidad y su precio. Un buen regalo.

La filosofía de Nietzsche. Eugen Fink


Libro clásico por excelencia en la hermenéutica nietzscheana, Alianza universidad nos ofrece, de mano de Eugen Fink, una interpretación genética de los textos del profesor Nietzsche. Fundamentalmente juega el autor con la crítica de Heidegger al platonismo invertido nietzscheano, reconociendo parte de razón al discípulo de Husserl pero negándole, a la vez, una total y correcta exégesis.
Todos conocemos la lectura adolescente de Nietzsche de raigambre vitalista, es por ello por lo que a Nietzsche se debe volver una vez y otra. En mi opinión más para ver lo que invita a pensar que lo que realmente piensa. Fink critica la falta de manejo por parte del "Anticristo" en lo que respecta al lenguaje metafísico y ontológico, lo que parece insinuar una distancia tremenda entra la tradición filósofica más paradigmática del idealismo alemán y Nietzsche que no es tal.
Creo que Fink se empeña en mostrarnos al Nietzsche filósofo por encima del poeta. Pero no en su abolición sino en su integración, anhelando la convergencia fáctica con la tradición en la que el filólogo se mueve por mucho que se empeñe en creer lo contrario. Sin huir de la metafísica ,asomando al final de ella como proceso evolutivo normalizado con el nihilismo, se echa de menos en Nietzsche un léxico que permitiera una mejor crítica.
Seguiremos hablando de Nietzsche.

El ángel subterráneo. Jack Kerouack


Después de este breve inciso de mutismo bloggiano vuelvo a la andadas con El ángel subterráneo de Kerouack. En un edición destrozada de la biblioteca pública - como no. Tipografía minúscula anclada en largos párrafos de puntuación idiosincrásica. Mucha cerveza, droga y una relación de amor. Lo cierto es que hace tanto que la leí que no la recuerdo muy bien. Aunque tampoco es cuestión de relatar la historia.
Como novela autobiográfica, nos hallamos en paradigma conocido, tipo Bukowski, Burroughs, Miller... Un personajillo con ganas de ser escritor y siéndolo en su sinceridad plena. Aborrezco las novelas sobre escritores en terceras personas (como queriendo simular que no se habla de uno mismo, o de que se dispone de una imaginación desbordante cuando es lo de siempre). Kerouack al menos no cae en eso, todo lo más puede parecernos en algún momento pecar de cierta ingenuidad - que haya droga, alcohol y mujeres no tiene por qué implicar madurez sino quizá retrógrada marchitez. Así puede parecernos algo más lejano que Bukowski y algo menos sincero que, por ejemplo, Fante, aunque el tipo de novela sea diferente.
Llama la atención la gramática empleada, de frases largas que nos hunden en la apetencia de un punto. Pero sin llegar tampoco a la extravagancia - nunca se sabe si se debe al escritor mismo o al traductor. En eso es al menos original, entablando con el lector una charla de tú a tú, con sintaxis directa aunque englobada en interminables frases.

martes, 15 de mayo de 2007

Lapidarium IV. R. Kapuschinski.


Kapuschinski es uno de aquellos intelectuales comunicadores con gran influencia cultural. El libro que aquí trato entra dentro de ese tipo de libro que sin ser complicado es ciertamente exigente. Como dice el mismo autor, un libro que ojalá sea cerrado continuamente para, alzando la vista al aire, repensar lo que allí está escrito.
Es curiosa la forma de escritura fragmentada, articulada en párrafos breves que se encadenan en un mimbre principal de preocupación humanista. La lectura es vertiginosa, yo lo leí de tirón aunque Kapuscinski no estuviera contento con ello. Por lo que creo un deber el recomendarlo.
Pasa con él, no obstante, lo que ocurría con Centuria de Manganelli. Es imposible el resumirlo.
La leve crítica que se le puede hacer - algo que puede hacerse con todo creador cultural - es la facilidad de esgrimir juicios filósóficos con excesiva ligereza. No olvídemos su procedencia periodística. Así como tampoco el felicitarle por la crítica que de los media hace continuamente, de manera muy acertada.
Sin embargo tal crítica no es justa. Es un libro-diario-reportaje, plagado de confesiones que en su sinceridad supera la racionalidad especulativa para entrar en la metaforización de un nuevo lenguaje productivo, donador de sentido. Es por ello por lo que es un buen y gran, aunque breve, libro.

Yonqui. W. Burroughs


Lo cierto es que ya tocaba meterse con Burroughs. Y lo he hecho con el libro que le hizo entrar en la cúspide de la literatura americana. Con ese tono desenfadado para hablar de lo que, por aquel entonces, nadie osaba hablar.
La droga en su expresión más dura se hace la protagonista principal de esta novela publicada en Anagrama. En ella atisbamos como todo tipo de estupefacientes acosan a los yonquis de aquellos tiempos. En los que la droga sí era recluida en ambientes mucho más sectarios. Y se convertía en una lacra.
La novela en sí no es cosa del otro mundo, sino fuera por la fecha en la que está escrita. Nos parece estar ante un libro de Welsh, en plenos noventa, pero no es así.
Es interesante para poder captar esa mentalidad yonqui. Pero tampoco para mucho más.

jueves, 3 de mayo de 2007

Antropología filosófica. Javier San Martín Sala.

El libro que os presento aquí es un manual de la UNED. Sin embargo es un texto que supera su calificativo de manual, para ser un libro hecho y derecho que describe de un modo plenamente válido, y siempre desde una perspectiva fenomenológica, las tesituras que influyen en la descripción de la esencia humana. Son numerosas las citas de Ortega, Husserl y Heidegger.
El profesor San Martín aboga por una antropología filosófica aglutinadora de todas las demás: la biológica, la cultural, etc. La crítica al conductismo, que por ejemplo Husserl ya hace en la Krisis, y que no deja de ser otro biologicismo más es continua a lo largo del libro. Creo que el profesor San Martín logra desenmascarar todo el reduccionismo absurdo que subyace en ese modo de aprehender la esencia humana desde un externalismo ajeno a la tarea que es la vida para el ser humano que se hace.
Más adelante trata el tema de la cultura. Un tema muy interesante en el que se opone al reduccionismo más o menos claro de Gustavo Bueno y Mosterín (creo recordar).
Es un libro que participa de muchos de los debates que configuran la situación actual de la filosofía. La ética intersubjetiva se configura como lo necesario para poder concebir la humanidad del otro, y por lo tanto la clave de bóveda para asegurarse el estudio y reconocimiento de la esencia humana. Una esencia en absoluto petrificada en metafísicas omnicomprensivas.

Paradoja del interventor. Gonzalo Hidalgo Bayal

Llegué a este libro gracias a la crítica positiva de la revista Quimera, en su sección el quirofano. (Desde aquí esgrimo una lanza a su favor y os la recomiendo).
No pienso releer de nuevo esa crítica; no deseo contaminar la mía propia.
Puedo decir que el libro me ha gustado mucho. La prosa es algo distinta a lo que se está acostumbrado, es una breve demostración de que otra forma de escritura en castellano es posible. La trama va ligada al quehacer diario de un hombre mayor que pierde el tren que lo ha dejado descansar en una estación mediocre de una ciudad segundona. Allí nuestro personaje se transforma en mendigo, a la espera de un tren que no llega.
Así poco a poco el interventor - nombre con el que se le conocerá en la ciudad a base de tanto preguntar por el interventor real aunque desconocido - entra en un bucle de existencia divagatoria. Se torna en un vagabundo que entra en contacto con personajes descalificados de la sociedad.
El libro es una gran espera, y la gracia de Hidalgo Bayal está en saber ver como son esos largos intervalos de tiempo. No quiero decir más de la trama, porque es un libro que cualquiera que lea esto (que son poquísimos o ninguno) debe leer.
Escribe Hidalgo Bayal : " Cuando se puede ir en cualquier dirección es como si se pudiera ir en ninguna, la libertad absoluta es una forma de prisión, porque quedarse es cautiverio e irse es obligación".
Realmente una frase que nos recuerda a Kant. Y critica duramente el consumo de ocio y turismo que invade nuestra sociedad. Retrata fielmente la marginalidad - que me haya gustato tanto quizá se deba a que es un tema que siempre me ha interesado - y lo hace en un tono que al principio aguarda para terminar por no esperar nada. Es una letanía que se acaba fundiendo en una temporalidad ajena a nuestra rutina.
He querido hacer de este texto una puerta de entrada.
Por cierto; el libro está editado en Tusquets. Y el blog del autor es www.bayal.blogspot.com